¿Quién debe aprender de quién?
Recientemente he tenido ocasión de leer una de esas
estadísticas que hacen algunas revistas sociales y científicas. Generalmente no
les suelo dar demasiada importancia, es más, me parece ridículo que se malgaste
tiempo y recursos en averiguar si los hombres son o no más infieles que las
mujeres o cuántas veces cae la tostada por el lado de la mantequilla, pero en
esta ocasión me ha parecido muy interesante porque me ha dado que pensar y
mucho.
En una de esas encuestas, como os digo, se preguntaba a un
adulto y a un niño qué cosas eran las que más les preocupaban.
Estas son las respuestas más comunes que contestamos los
adultos cuando nos preguntan qué es lo que más nos preocupa:
- La crisis, la estabilidad o sea, el dinero.
- La vejez y sus efectos o lo que es lo mismo, la imagen.
- La salud.
Al parecer, si preguntas a un niño qué es lo que más le
preocupa todas las respuestas van dirigidas al entorno y el bienestar común:
- El medio ambiente: que se respete y mantenga su entorno.
Los animales. Que no se pisen las flores de su parque.
- La familia: la felicidad de todos los miembros de su
familia.
- Los amigos: la aceptación y el bienestar de las personas
que le importan.
¿Soy yo sola o estamos perdiendo el rumbo?
Cuando nos hacemos adultos se producen tantos cambios
contraproducentes: perdemos espontaneidad, somos más cautos, menos creativos, y
al parecer también cambiamos, (erróneamente a mi entender) el orden de las
prioridades. Quién debe aprender de
quién. No estoy diciendo que nuestras preocupaciones no sean importantes, tan
solo insinúo que tal vez, deberíamos empezar a cambiar los pilares sobre los
que se deben asentar el resto de preocupaciones y colocar las cosas más
importantes en el lugar que les corresponde: cambiar dinero por familia ó
imagen por entorno y respeto al medio ambiente y a los demás.
Cada día pienso que tenemos mucho que aprender de nuestros
hijos. Estamos tan centrados en el mono tema del dinero y la corrupción que nos
olvidamos del resto de las cosas importantes. Porque al final, es más fácil
vivir sin dinero que sin amigos, familia (apoyo), bosques y animales (un
entorno en el que vivir). Si tenemos todos claro que "el dinero no hace la
felicidad" y que "no hay rico más pobre que el que solo tiene
dinero" cambiemos el rumbo y empecemos a preocuparnos por las cosas
importantes porque estoy convencida que es el modo de producir cambios en el
resto de las cosas.
Si en algún momento
necesitas recordar por dónde empieza el ranking de lo necesario, pregúntaselo a
un niño.
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