jueves, 27 de octubre de 2016

LE DIO RABIA

LE DIO RABIA
Estaba siendo un día terrible y estaba muy rabiosa. Desconectó el whatsapp, no quería tener que contestar mensajes de nadie. Subió enfurecida las escaleras de su casa, maldijo el día en que se había decidido por aquel piso en el centro sin ascensor.
Pensó en salir a correr como otros tantos días, pero enseguida lo descartó. “Correr genera endorfinas y te hace feliz”, había leído en alguna revista. No quería estar feliz, estaba demasiado rabiosa. Su teléfono comenzó a iluminarse con un pardeo intermitente, era una llamada de su madre. Bajó el sonido y lo lanzó a un rincón de su escritorio. No quería tener que hablar con ella, no estaba de humor, notaría su rabia y tendría que darle explicaciones.
La tarde les sorprendió, a ella y a su rabia, engulléndolas en el sofá sin nada más que hacer que compartir interminables minutos la una con la otra.
Sonó el timbre de la puerta. Recordó de pronto que tenían que venir a reparar el calentador y se enojó.
De mala gana, ella y su rabia se arrastraron del sofá a la puerta y sin mirar por la mirilla, (uno no está para esos detalles cuando está de malhumor) abrió.
Tras la puerta apareció su madre con una enorme tarta de chocolate coronada con unas velas chispeantes. Alrededor un enjambre de amigos le cantaban “cumpleaños feliz”.
Estaba tan furiosa que lo había olvidado. Consultó su móvil. Descargó 76 mensajes, todos de felicitación, incluido el de Germán:
- Me retraso por el trabajo pero acudo en cuanto pueda.
- Que pases un estupendo día (aplausos, gorritos, confeti, corazones)
- Te quiero (beso)
Aterrizó emocionada en el sofá mientras los invitados la abrazaban y besaban. Se sintió arrepentida, mezquina, egoísta, imbécil... y le dio rabia.
Mónica Bordanova

martes, 9 de febrero de 2016

HOY ME SIENTO BIEN Y MAÑANA, TAMBIÉN



El día está lleno de pequeñas cosas sencillas que nos hacen felices. Párate a sentirlas:

Una sonrisa de alguien que no conoces.
Sumergirte en la bañera completamente y escuchar el sonido ambiente como si estuvieras dentro de una botella.
Escuchar tu canción favorita en cualquier lugar sin que sea yo quien la ponga.
El olor a papel de un libro viejo.
Una risa contagiosa.
Estrenar algo.
El sonido de las hojas secas bajo tus pies.
El aroma de las sábanas recién lavadas al entrar en la cama.
Que suene el despertador y apagarlo al saber que es domingo.
Entrar en un lugar calentito cuando fuera hace un frío polar.
Leer una frase que escribiste años atrás.
Un comentario a tu último post.
El olor de las tostadas del desayuno, el del pelo de mis hijos, el de las cosas de mi madre y el tuyo al despertarme cuando tengo la suerte de hacerlo a tu lado.
El chocolate, siempre el chocolate.
Tumbarte en el suelo helado un día de mucho calor.
Saber que al llegar a casa te espera un libro de esos que te atrapan.
Las historias de mi padre cuando era pequeño.
Comprobar que elegiste la fila más rápida de la cola del supermercado.
Llegar al semáforo y que se ponga verde.
Que te asalte un recuerdo y sentir que estás riendo sola en plena calle.
Encontrar un billete en un bolsillo olvidado del pantalón, por pequeño que sea.
Oler algo que te traiga un recuerdo de la infancia.
Encontrar una foto de hace mil años...


martes, 22 de septiembre de 2015

RECUERDAS..?

Recibimos tanta información a lo largo del día que acaba insensibilizándonos, imposible de procesar. Hoy vemos a un niño ahogado en el mar para dejar paso al instante a un hombre que quema a lo bonzo a su pareja que se nos olvidará con una catástrofe natural... y es que hay tantos frentes abiertos que no tenemos tiempo de padecer en nuestra piel ninguna de ellas. ¿Recuerdas la última vez que escuchaste en las noticias "Estas imágenes pueden herir la sensibilidad de los telespectadores"?.. Yo no.

martes, 15 de septiembre de 2015

Y TÚ, POR QUÉ NO ...

Qué por qué no? porque no es fácil encontrar quién entienda que amar y pertenecer son dos cosas diferentes, porque si hoy no me apetece verte, no pasa nada, tan felices y a otra cosa (tú a tus cosas y yo a las mías) porque no es necesario hacerlo todo juntos, porque me gusta pensar que cada uno es cada uno sin necesidad de ser uno solo, porque corro, pinto y leo pero me gusta hacerlo sin que nadie me mire ni me espere, porque tengo dos vidas, una cada semana, una para ellos y la otra para mí y el resto de mi vida, porque necesito que me abracen, me cuiden y me comprendan, una locura, ¿no? Qué manera de complicar las cosas, todo se resume en una sola palabra respeto; hacía ti, hacía mí, hacia nosotros y todo fluye de la forma más sencilla. Un buen amigo me aconsejo que me quisiera mucho porque iba a ser la única persona del mundo con quien, con toda seguridad, compartiría el resto de mi vida, pues eso.

PERO QUÉ RRRRRABIA TENGOOOOOOO!



Empezó el cole, los madrugones, las desayunos en tiempo record, los atascos, los libros y las cuentas corrientes temblando. Crees que ya lo tienes todo controlado; compraste los estuches, los lápices, la mochila... Estás tranquila, este año te has adelantado hasta en la compra de los calcetines, ¡si es que no hay quien pueda contigo!
Primer día de cole (segundo, sexto o veintitrés  porque por desgracia esto que os voy a contar nos pasa más que a menudo), recoges a  tu hijo feliz y sonriente pero conforme se acerca notas que tu sonrisa se va desdibujando: ¡no lleva la chaqueta nueva! (hago incapié en que se borra TU sonrisa, no la suya que sigue tan feliz de la vida).
- Cariño, ¿y la chaqueta?
Le has dicho "cariño" porque en el fondo albergas la remota esperanza de que la lleve en la mochila, hecha un higo eso sí, pero la lleva.  Lo que te preocupa ahora es que esté, lo de su estado ya lo discutiremos después.
Te mira fijo,
- La perdí.
- ¡Pero eso cómo es posible! ¡Las cosas no se pierden así como así!
Por supuesto estás alteradísima, la acaba de estrenar, ¡no puede ser!..
STOP, antes de que sientas esa sensación de olla a presión a punto de estallar deja que reflexionemos juntos. ¿De verdad que las cosas no se pierden así como así? Porque estoy convencida de que hay elementos con vida propia.
Sabes por ejemplo dónde está ese otro par de tu calcetín. No se quedó en el tambor de la lavadora ni se me cayó al tenderlo. Dejas al viudo en un rincón del cajón de la cómoda hasta que un día, cansada de verlo allí, solo y triste, decides tirarlo. Pero cuidado porque seguramente ese es el momento en el que aparecerá el que perdiste. Los calcetines pueden ser muy traicioneros ahí donde los ves.
¿Y qué me dices del alambre con el que cierras la bolsa del pan de molde? Olvídate porque ese alambre solo tiene una puesta. Abres la bolsa, lo dejas sobre la encimera, lo miras fijo porque estás segura de que es la última vez que lo vas a perder, hasta lo retas con el dedo índice. Pero le das la espalda para abrir el cajón y ¡zas! desapareció. ¡No puede ser!... sí, puede, así que ríndete, asúmelo y acaba haciendo un nudo será lo más práctico.
A las llaves también les encanta cambiar de sitio. Su mejor momento para moverse es justo cuando estás a punto de salir de casa. Las has visto sobre la mesa de la entrada hace dos segundos pero ahora se fueron quién sabe dónde y por supuesto no las encontrarás en el primer sitio que busques y después de dar mil vueltas a la velocidad de la luz (llegas tarde a trabajar) allí están de nuevo, sobre la mesa, dónde si no. Pero ojo porque no cambian solo dentro de casa, las llaves tienen todavía peor idea que los calcetines y cambian de sitio hasta dentro del propio llavero así que cuando tengas un buen manojo de llaves y vayas a abrir una puerta debes saber que, hagas lo que hagas, tu llave será siempre la última con la que intentas abrir.
Y si unas llaves, un calcetín y hasta un mísero alambre de pan de molde tienen vida propia, quién te dice que la chaqueta de tu hijo no la tenga también.
Con tantas cosas que sería estupendo perder así sin más: peso de vez en cuando por ejemplo, pero no, se pierden las cosas más necesarias; el tiempo, la vergüenza de algunos políticos, el respeto a los mayores, las llaves, los alambres...
En fin, me conformo con que mis hijos no salgan un buen día del cole y me digan que han perdido la esperanza. ¡Eso lo último!

martes, 11 de agosto de 2015

MOMENTOS

Ni el coche nuevo, ni el viaje al lugar más lejano, ni el trabajo mejor remunerado...


La vida son momentos y los momentos están llenos de vida, allá donde estés.






























jueves, 23 de julio de 2015

¡QUÉ DISCRIMINACIÓN!



Sin duda las vacaciones son el mejor momento para las reflexiones absurdas de esas que no te llevan a ningún lado,( o sí?..) Puede que porque has desconectado totalmente o quizás porque te tomas las cosas con un ánimo diferente. El  caso es que al menos a mí, en vacaciones se me plantean los problemas más irracionales. Allá va uno de esos "misterios sin resolver" (os acordáis de la serie o ya soy muy mayor?) que me plantea los calores del verano.

No sé de qué modo se decidiría poner el nombre a las cosas pero el "nombrador oficial de palabras" hay que reconocer que, en determinadas parcelas se quedó corto o, como yo, se piró de vacaciones y ahí lo dejó.

Pongamos un ejemplo, ¿sabe alguien quién es el macho de la cebra? ¿El cebro? Porque si hay que llamarle la cebra macho, es tan largo que antes dices "cebra" y acabas con el problema pero no me parece justo. Si lo llamamos "el cebra" se me aparece la imagen del típico sujeto con el paquete de tabaco encastrado entre la camiseta y el hombro sujetando una colilla encendida entre el índice y el pulgar mientras frunce el ceño desafiante. Y si tratamos de nombrar a un grupo de cebras macho; "los cebras" ya veo yo al típico grupo con chupa de cuero a rayas y motazas con flecos de esas que hacen un ruido hueco a tubo de escape.

Y las cebras no son las únicas porque las discriminaciones van en ambas direcciones o sabe alguien quién es la hembra del rinoceronte, ¿la rinoceronta? Vamos, por dios, ¡pues anda que tú!
Y eso no es todo porque haciendo un análisis detallado de las desigualdades del reino animal en el marino nos encontramos millones. El "nombrador oficial de palabras" se pegó unas vacaciones pero de las buenas y se dejó por asignar nombre a los sardinos, las delfinas, los ballenos, las tiburonas, las atunas y hasta los merluzos... bueno, no estos sí que tienen género propio y hay para cansar sobre todo si te das una vuelta por cualquier organismo oficial.

En definitiva, que digo yo que si no tenía ganas de poner nombres, que hubiera dejado la labor en manos de otro, de un niño por ejemplo que tiene mucha más imaginación y es mucho más pragmático.

Rebeca por ejemplo siempre llamó a las cuestas con pendiente hacia arriba, rampadita, por aquello de que es rampa y subidita.
O Pau que al maquillaje en polvo lo bautizó "polvorete"  de la unión de colorete y polvo.

Y es que hay ciertas cosas que mejor se las dejamos a los niños.

Os prevengo, la semana próxima me tomo vacaciones...


Mónica Bordanova