En el fondo del cajón

Y TÚ, POR QUÉ NO...

Qué por qué no? porque no es fácil encontrar quién entienda que amar y pertenecer son dos cosas diferentes, porque si hoy no me apetece verte, no pasa nada, tan felices y a otra cosa (tú a tus cosas y yo a las mías) porque no es necesario hacerlo todo juntos, porque me gusta pensar que cada uno es cada uno sin necesidad de ser uno solo, porque corro, pinto y leo pero me gusta hacerlo sin que nadie me mire ni me espere, porque tengo dos vidas, una cada semana, una para ellos y la otra para mí y el resto de mi vida, porque necesito que me abracen, me cuiden y me comprendan, una locura, ¿no? Qué manera de complicar las cosas, todo se resume en una sola palabra respeto; hacía ti, hacía mí, hacia nosotros y todo fluye de la forma más sencilla. Un buen amigo me aconsejo que me quisiera mucho porque iba a ser la única persona del mundo con quien, con toda seguridad, compartiría el resto de mi vida, pues eso.



¡QUÉ DISCRIMINACIÓN!

Sin duda las vacaciones son el mejor momento para las reflexiones absurdas de esas que no te llevan a ningún lado,( o sí?..) Puede que porque has desconectado totalmente o quizás porque te tomas las cosas con un ánimo diferente. El  caso es que al menos a mí, en vacaciones se me plantean los problemas más irracionales. Allá va uno de esos "misterios sin resolver" (os acordáis de la serie o ya soy muy mayor?) que me plantea los calores del verano.

No sé de qué modo se decidiría poner el nombre a las cosas pero el "nombrador oficial de palabras" hay que reconocer que, en determinadas parcelas se quedó corto o, como yo, se piró de vacaciones y ahí lo dejó.

Pongamos un ejemplo, ¿sabe alguien quién es el macho de la cebra? ¿El cebro? Porque si hay que llamarle la cebra macho, es tan largo que antes dices "cebra" y acabas con el problema pero no me parece justo. Si lo llamamos "el cebra" se me aparece la imagen del típico sujeto con el paquete de tabaco encastrado entre la camiseta y el hombro sujetando una colilla encendida entre el índice y el pulgar mientras frunce el ceño desafiante. Y si tratamos de nombrar a un grupo de cebras macho; "los cebras" ya veo yo al típico grupo con chupa de cuero a rayas y motazas con flecos de esas que hacen un ruido hueco a tubo de escape.

Y las cebras no son las únicas porque las discriminaciones van en ambas direcciones o sabe alguien quién es la hembra del rinoceronte, ¿la rinoceronta? Vamos, por dios, ¡pues anda que tú!
Y eso no es todo porque haciendo un análisis detallado de las desigualdades del reino animal en el marino nos encontramos millones. El "nombrador oficial de palabras" se pegó unas vacaciones pero de las buenas y se dejó por asignar nombre a los sardinos, las delfinas, los ballenos, las tiburonas, las atunas y hasta los merluzos... bueno, no estos sí que tienen género propio y hay para cansar sobre todo si te das una vuelta por cualquier organismo oficial.

En definitiva, que digo yo que si no tenía ganas de poner nombres, que hubiera dejado la labor en manos de otro, de un niño por ejemplo que tiene mucha más imaginación y es mucho más pragmático.

Rebeca por ejemplo siempre llamó a las cuestas con pendiente hacia arriba, rampadita, por aquello de que es rampa y subidita.
O Pau que al maquillaje en polvo lo bautizó "polvorete"  de la unión de colorete y polvo.

Y es que hay ciertas cosas que mejor se las dejamos a los niños.


Os prevengo, la semana próxima me tomo vacaciones...




EL BUSCADOR DE PALABRAS

El buscador de palabras se puso a buscar aquella que tanto le gustaba, SU palabra, esa que reunía muchas otras.

Y subió al cielo  pues le pareció que la palabra podía ser "sol" por lo mucho que brillaba y el calor que le daba cuando más lo necesitaba... pero no era SU palabra, la suya significaba mucho más que "sol" y no quemaba.

El buscador recorrió los bosques pensando que quizás la palabra fuera "árbol" porque se podía ver desde abajo, podía refugiarse a su abrigo y sentirse protegido... pero tampoco era "árbol" la palabra que buscaba. La suya reconfortaba mucho más que "árbol" y no tenía  la aspereza de su corteza.

Así que se marchó a la playa convencido de que "mar" podía ser la palabra que andaba buscando;  por su paz, porque solo estar a su lado le transmitía calma, porque mar y buscador se conocía tanto, que podían pasar horas mirándose sin hacer nada más... pero no, tampoco era "mar" SU palabra.

El buscador pensó que aquella palabra tan necesaria, la que buscaba, la SUYA, podría tal  vez ser "chocolate" por su dulzura y firmeza al tiempo. Porque para el buscador esa palabra era como una recompensa y su sola presencia le embriagaba... pero no, la palabra que buscaba tampoco era "chocolate" porque la fragancia de SU palabra era mucho más personal y estaba mucho más cerca de la ternura.

Así, el buscador de palabras, con el ánimo algo decaído y la desilusión que produce haber perdido la batalla regresó a casa. Fue entonces cuando encontró en el porche a SU palabra; Cuatro sencillas letras idénticas dos a dos.

 La abrazó y pudo sentir el calor del sol, el refugio del árbol, la calma del mar y la dulzura del chocolate unidas a un millón de palabras más en un solo instante. Sin duda el buscador había encontrado la palabra que andaba buscando, SU palabra: PAPÁ.





¿ES QUE TODO OS LA BUFA?
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Cinco de la tarde, recojo a los niños del colegio. Hoy estoy muy, muy cansada. Intento que entren en el coche para llegar volando a baloncesto. A veces me pregunto si voy yo o ellos porque por las prisas que se dan, parece que la del interés soy yo.
Les pido al menos siete veces que metan la mochila en el maletero. Cuando por fin, con desgana la dejan caer a los pies del asiento, yo, que ya estoy desquiciada y con un plus de cansancio, cierro la puerta del coche y mirando por el espejo retrovisor (esto el lo que se conoce como la típica bronca de retrovisor), les digo muy enfadada:

- ¡Vamos a ver, ¿es que nadie me escucha cuando os hablo?! ¿Cuántas veces hay que repetir las cosas para que me hagáis caso? ¡PARECE QUE TODO OS LA BUFA! (este último comentario es consecuencia del cansancio pero como dije, hoy voy que me arrastro)

Silencio total, casi el vacío.

Cuando ya me doy por satisfecha porque creo que la riña a surtido efecto , Rebeca me pregunta muy seria:

- Mami.
-¡QUÉ! (Este "qué" es rotundo y contundente porque cuando uno se enfada debe mantener el enfado al menos unos diez minutos, menos es tontería)

- Bufa, ¿es con "b" o con "v"?

Ser padre es durísimo porque te obliga a mantener el tipo en situaciones prácticamente imposibles. Pero como solo me veían por el espejo retrovisor, bastó con moverlo un poco para que no vieran que casi no podía aguantar la risa.

Respiro tres veces y le contesto seria.

- ¡CON "B"!- Casi con la misma contundencia que mi primer "QUÉ" (¡Que ya es de nota!)

Silencio. Y remata:

- ¿Y bufa es lo que suena o lo otro?

¡¡Me rindo, batalla perdida!!

Mónica Bordanova
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Aquella canción que...

Notas que te transportan, que te llevan en unos segundos a aquel momento que recuerdas con una intensidad especial, como si estuvieras allí mismo. Aquella vez que ganaste la carrera, aquella vez que te dijo que te quería, aquella mañana en que despertaron y corrieron a destapar sus juguetes.
Es mejor no escucharlas demasiado, se contaminan y dejan de ser" la canción de aquel momento en que..." para transformarse en una canción más, pierde la magia. Cierra los ojos, escúchala solo una vez más, siente. No eres tú, son ellas las que te eligen y sin tú saberlo, cuando suena, vuelves a aquel momento en que...

conducías hacia la playa, yo amarrada a tu brazo y tú tarareando muy bajito "fresh feeling". Feliz.





Queridos Reyes Magos

No es que este año haya sido especialmente buena, pero como veo que aquí cada uno abre la boca para pedir y otros con la boquita bien cerrada se llevan lo que es suyo y lo que no, ahí va mi carta:
Mis deseos son un poquito más de andar por casa y quedan lejos de los lujosos viajes y las cenas en restaurantes caros.

Me gustaría que la ropa sucia cobrara vida propia y se marchara sola a la lavadora. Y ya sería de nota si no se mezclara la blanca con la de color pero vamos, que eso lo podemos negociar. Como soy consciente de que lo de tender ya sería un abuso, de esto último ya me encargo yo.

Quiero que Pau siga construyendo autobuses con cajas de cartón hasta que cumpla por lo menos los 40, aunque si veis que es más adecuado que construya casas de hormigón una vez cumplidos los 30, tampoco lo voy a discutir, sobre todo si una la reserva para mamá.

Un cubo de paciencia para asimilar, cuando llegue el día, que Rebeca preferirá vivir pegada a su teléfono a jugar conmigo al torito en alto, pero como para esto todavía me queda un poco de margen,  me encantaría que, mientras tanto, me trajerais solo diez minutos más cada mañana para poder ponerme el rímel tranquilamente frente al espejo y no mientras meto el almuerzo en la mochila de Rebeca y le grito a Pau desde el pasillo que se cepille los dientes (sin que tenga que levantarme antes, por supuesto, que para la solución fácil no hace falta ser mago)

He oído hablar que contratáis por horas a unos duendes de la noche que ponen el lavavajillas cuando te caes rendida en el sofá y que, a veces, te preparan la comida del día siguiente, pues bien, también me pido uno de esos. Con lo del lavavajillas me conformo que yo con un bocata de sobrasada voy que me mato y ya, si eso, me lo preparo yo.

Quiero que Rebeca siga escapándose de su cama para venir a la mía y se acurruque en mi espalda como lo hace cada noche porque me encanta abrazarla y sentir que me necesita.


También quiero una máquina tele transportadora para que me lleve directamente a la cama cuando después de recoger la casa, preparar almuerzos y acostar a los niños, caigo en el sofá como lanzada de un cuarto piso. Si pudiera ser la versión esa que además te pone el pijama sería lo más, si no, no importa me acuesto tal cual que al fin y al cabo, yo huelo la sábana y caigo como un tronco.


Si puede ser, me dejáis un botecito de inspiración para poder seguir dibujando y escribiendo cosas y si es posible, me gustaría que a alguien le parecieran interesantes porque no hay nada como descubrir que hay gente que tiene tus mismos problemas e inquietudes porque al fin y al cabo, no somos tan distintos como nos quieres hacer ver.


Si es posible, me dejáis debajo del árbol un saquito  de comprensión para todos aquellos que no aceptan un cambio, porque la vida es una montaña rusa en la que un día eres abogado y otro ilustrador, un día estás acompañado y otro solo, un día ganas un maratón y al siguiente tardas casi una hora en correr 10 kilómetros porque lo importante es que a pesar de todas las subidas y bajadas, sigues siendo tú  y a tu carro aún le quedan muchos más viajes.


Ya no sé cuántas cosas llevo y como mi imagino que estáis hasta el gorro de que os pidan cosas, voy a terminar mi carta dando las gracias por traer aquello que os pedí, pero por el azul no, por el verde.


A ritmo de Príncipes

Nada como cambiar la ropa de armario para hacer un desfile improvisado de modelos en el sótano de casa. Pau con mi vestido azul celeste y los zapatos de baile español desfilando a ritmo de Prince, Rebeca aguantando postura con los tacones de fallera ¡para verlos! Reconozco que yo me sumé al fiestón. No adjunto vídeo por respeto a nuestra integridad pero haberlo, haylo.

http://youtu.be/8Yt262p7-j8

En una semana

En una semana descubrí que me descubro cada día, me sorprendo y me vuelvo a descubrir. Que no son las carreras lo que me gusta, es correr. En una semana comprobé que es el sonido de mis zapatillas sobre la tierra y el de nadie más, ni delante ni detrás, el viento en la cara, parar, observar y retomar. Beber agua fresca de la fuente, subir, subir y subir sin mirar el reloj. Respirar aire fresco y brisa y sol.
En una semana supe que pasan mil cuarenta cosas en siete días. Que existen los amores de una noche, tan apasionados o más que los corrientes. Que te dejan la sonrisa pintada en la cara al menos un día entero. Que son fascinantes, pero si no has nacido tigresa sólo puedes fingir por una noche y yo soy de dormir abrazados, de despertar juntos, de acariciar, de querer... Que si jugaste al amor de un instante, jugaste todas tus cartas y no hay modo de volver a barajar.
Descubrí que siempre fui la sombra de otro pero que soy capaz de brillar por mí misma si me lo propongo y es fascinante. Que mi trabajo es apasionante y no hay placer más grande que ver disfrutar a los demás. Que en cuatro minutos de vídeo cabe una tarde entera de sensaciones que se pueden revivir al deslizar el dedo por ese botón con forma de triángulo.
Decidí que voy a volver a escribir aquella historia que comencé hace dos años. Porque había mucho que decir y sentir y porque cada personaje lleva un poco de uno; de lo que ha sido, de lo que detesta y de lo que le gustaría ser. Esa es la magia de escribir, te permite vivir cuantas vidas quieras.
En tan sólo una semana por fin te conocí y me di cuenta de que tengo al menos tres canciones contigo y ninguna de los dos. Entendí lo que es sentirse solo rodeado de gente y rogué para que nunca me ocurriera a mí. Que creo en el amor para toda la vida aunque sólo vaya en una dirección.
Sólo una semana fue suficiente, sólo me bastaron siete días.


De emociones

Me dirigía a la oficina esta mañana cuando la carretera que estaba cortada por obras, me ha obligado a desviarme del camino habitual. Sin quererlo (o tal vez a propósito) me he topado con la Villa Bordanovesca. En ese instante, el cd del coche cambiaba la canción. Es increíble hasta dónde te puede transportar una melodía, pero si además lo unes a una imagen, el resultado es; atardeceres tumbada en una hamaca de tela a cuadros azules, mañanas trabajando en el huerto, días de agua de Valencia  y más de una noche de risas en la mejor compañía, con destroza improvisada de ostras incluída y Wagner, siempre Wagner de fondo.
Conclusión: siempre que tengas oportunidad, desvíate del camino.



De sentimientos y sentidos

Me gusta el olor dulzón de las tiendas de flores. Me gusta correr colina abajo con la mente en blanco mientras escucho el arrastrar de la gravilla bajo las zapatillas gastadas. Odio llegar tarde y no me importa esperar. Me gusta pasar el día sola porque sé que no lo estoy. Me gusta el trabajo por amor al arte y el arte del amor, que es el que más trabajo cuesta. Me gusta reírme, el pan crujiente el chocolate y tú.
Me gusta tu pelo negro azabache y esa nariz larga y afilada que a ti tanto te disgusta. Me gusta el sushi sobre tu espalda. Que se te escape un te quiero aunque luego te arrepientas. Me gusta... no, me gustaría pero ya no puede ser.



Mi querida Bordanova

Mi querida Bordanova: Jamás correrás a 4' el kilómetro, quieres que te diga por qué: Tus zapatillas son de los 90, tu reloj sólo da la hora, no recibes motivaciones virtuales de los amigos cuando corres porque no tienes el programita motivador en tu móvil, tienes a Pablo perrete(éste es de carne y hueso) y no hay forma de hacerle correr y menos aún por el monte, tu equipo es de hace 10 años y tus pantalones de esos que llevan la cremallerita detrás para guardar la llave (que siempre acabas enganchando al cordón de las zapatillas. El día que la pierdas sí que vas a correr), no llevas ropa interior sin costuras, te calzas el tanguita viejuno y a volar, las camisetas son las que te regalan en las carreras,tus auriculares no son inalámbricos, sabes la distancia que corres porque en el cauce hay unos estupendos pivotes de madera donde lo indica (pero vamos que si no estuvieran, tanto daba), ¡no llevas gps! ¡Ay, mi querida Bordanova, ¿dónde te crees que vas?!



¡Feliz cumpleaños!

Porque siempre estaré más morena que tú, por mucho que te pese. Por los Hombres G desde el balcón de mi apartamento. Por las noches de pipas en el banco del paseo. Por aquel "pide un deseo" y el beso que le siguió. Por las noches de bocadillo, cine de verano y Borja bailoteando en el intermedio. Por el "pantalón azul"(que jamás fue corto por mucho que los dueños decidieran otra cosa). Por las fiestas nocturnas en la playa y los castigos que las precedían. Por las escapadas a Gandía. Por la eterna frase: "la cornada ha sido fuerte, 27 trayectorias", ¡Cuánto juego nos dio el pobre Paquirri! Por unas fallas en Valencia. Por Maribel que te enseñó a conciencia la palabra "respeto" (por muy mal que nos pese hoy). Por un paseo en Port Saplaya. Porque tienes la virtud de pillarme in fraganti si paso por Madrid. Porque, afortunadamente, paso al menos una vez al año (todo el mundo sabe que de Valencia a Madrid hay la mitad de distancia que si haces el trayecto al contrario, por eso voy siempre yo) Porque ¡ya hace 25 años! Porque siempre serás mayor que yo (esto es como el bronceado: inevitable). Porque sí, porque hoy es tu cumple y me he acordado de todos vosotros. Porque, si miro atrás, no encuentro ningún recuerdo malo. ¡Que pases el mejor de los cumples! Es el deseo de la mejor de las amigas. Un beso enorme directo a la capital del mundo.

Historias de aquí y de allá.


Una de allá

Se sienta en el suelo de la plaza e intenta colarse entre la multitud. Es la primera vez que viene sola y todo parece diferente. Después de echar de menos alguna que otra sensación, empieza a disfrutar de pasar desapercibida (aunque puede que no lo esté consiguiendo del todo al fin y al cabo). Busca un lugar desde el que observar el vaivén de pasarela que da vida a la plaza. Elige un banco de piedra que comparte con otro observador. Le mira. Él viste con pantalón corto y sandalias. Tiene una melena castaña y sujeta un cigarrillo. De pronto le gustaban los hombres que fuman. Aunque no todos; odiaba a los fumadores que daban más protagonismo a su cigarro que a su propia mano, a los que lo exhibían como un trofeo y lo hacían danzar frente a tus narices para que los vieras con claridad. No, a ella le gustaban los que lo sujetaban como una prolongación de los dedos sin que te dieras cuenta que estaban ahí. Sin duda él era uno de esos fumadores que ademàs eran capaces de sujetar el quinto de cerveza en una carambola perfecta. Se miraron y en un segundo se dieron cuenta que pertenecían a esa misma especie de nostálgicos que había ido un año màs a la isla a disfrutar de la simplicidad de un plan alternativo cada vez más difícil de encontrar. Una mujer gruesa de pelo largo y sucio se sentó entre ambos y los dos sonrieron cómplices como si supieran que la improvisada carabina había estropeado un plan prometedor. Él movió sus gafas diminutas y redondas y ella respondió con una mirada esquivando a la mujer. Después, ella se levantó y se marchó. Se coló en un bar para pedir una cerveza, Coronita bien fría, y se sentó a disfrutar de los acordes de unos músicos improvisados. Después de tres canciones, él apareció. El cigarro transformado en colilla y el quinto a medio terminar. -Por un momento pensé que pasaría la noche solo"._le dijo. En La Terrassita sonaba a golpe de guitarra, My way.


ADICCIONES

Al alcohol, a las drogas, a la comida, al juego, a internet, al sexo, al trabajo... Si te paras a contar debe haber más un millón de adicciones. Yo he encontrado la mía. Puede que sea porque, afortunadamente, me he sentido muchas veces "too close to heaven". Aquí la dejo por si alguien más se quiere viciar.



Historias de allá y de aquí


Una de aquí

El hombre del cubículo había heredado la empresa de su padre y como él tenía su propio espacio en el que trabajar, sólo que, subiéndose  al  carro de las nuevas tendencias y con la idea de modernizar la empresa, había decidido contratar un cubículo en una amplia oficina repleta de parabanes . Mientras los demás compartían espacio y conversaciones, él  se encerraba en su pequeño cubículo, aislado, discreto, minimalista y casi perfecto.

Estaba contento. Su padre solía decirle que en la vida hay que destacar y no era cosa de andar compartiendo espacios. Uno  debe tener su propio lugar para que se note bien que se puede, que la empresa prospera, que las empresas de verdad son las que tienen sus propios cubículos, ¡claro que sí!
Con esta idea, nada desdeñable, pasaba las jornadas el hombre del cubículo, seguro de sí. De tanto en tanto salía de su espacio para cruzar unas palabras con los personajes de la sala, las justas. Tan solo para que supieran que estaba ahí, en su espacio privilegiado y especial.

Sin embargo una mañana, alguien ocupó un lugar en la sala cerca de la ventana acristalada del cubículo y todo cambió. Llegó a la sala arrasándolo todo a su paso como un huracán sin levantar ni una mota de polvo. Se movía como en una danza.  Era imposible no mirarla. Te hipnotizaba, te envolvía, te atrapaba sin piedad.

El hombre del cubículo empezó a sentir la necesidad de verla cada mañana. Salía a rellenar su vaso de agua del bidón común más de lo necesario y esperaba con ansia a que ella se levantara siquiera para ir al baño justo al lado de su espacio especial.

Se levantaba cada mañana con el pensamiento puesto en recorrer el pequeño pasillo hasta su cubículo mientras ella le regalaba una discreta sonrisa.
Llegó incluso a pensar en desplazar la empresa a la sala. Se convenció mentalmente de lo beneficioso que podría resultar hacer nuevos contactos, idea que su padre desechó al instante llevándose las manos a la cabeza.

Después de unos meses sin atreverse siquiera a cruzar con ella más que un par de  palabras formales, el hombre del cubículo se armó de valor y decidió por primera vez por sí mismo y rompiendo con todas las reglas empresariales hasta ahora dispuestas por más de tres generaciones,abandonó su pequeño espacio privilegiado y pasó a la sala común.
Saltó de la cama, canturreó una canción inventada en la ducha y se dirigió a su nueva oficina.

Al sentarse en su nuevo espacio de pladur observó con horror que la silla de ella estaba vacía.

"¿Qué ha sido de la mujer que ocupaba ese espacio?" Preguntó al resto de compañeros de la sala disimulando su interés.

"¿Sandra?, se enteró que quedaba libre". Le dijo un tipo con gafas de pasta mientras señalaba con el dedo su cubículo.


Por una cancioncilla y más

Cada día todo se vuelve del revés y milagrosamente acaba al derecho al minuto siguiente. Puede parecer caótico pero yo tengo la receta que consigue que TODO sea absolutamente perfecto: dos pilares firmes sin los que estaría perdida, capaces de pasar tres horas en un probador y hacerse unas risas hasta que te saltan las lágrimas, una incondicional que a pesar de sus tres soles es capaz de sacar un hueco para un zumo de melón y unas risas a cargo de un ginecólogo que está cañón, un medio hermano que con la excusa de arreglarme los papeles lleva más de 20 coca colas y tres comidas (¡y las que me quedan, espero!) un correo que llega milagrosamente por las mañanas, me desea un buen día y ¡no me deja otro remedio que tenerlo! (a veces con cancioncilla incluida), unos  locos de las cuerdas que apenas digo b... ya estamos bajando un barranco, un critter del chocolate blanco sin el que yo no sería quién soy ahora. Me siento tan bien que no quiero que pasen los días porque se marchan sin haberlos exprimido del todo. Cada día que pasa soy más yo y es todo gracias a vosotros.


De chocolate blanco

Tengo ganas de correr por la montaña y si me apuras hasta bajaría un barranco. De que salga el sol a pesar de lo mucho que me gusta la lluvia. Tengo ganas de que maduren los albaricoques de la villa para poder celebrarlo con todo el que quiera como se merece. Tengo ganas de mar, arena y peces que saltan a comer migas de pan en la orilla. De desconectar el teléfono y meter el reloj dentro de un vaso de agua fría. Tengo ganas de desaparecer y estar aquí solo cuando me necesiten o ni eso. De volver a CASA. Tengo ganas de escuchar canciones que me lleven a otro sitio sin moverme del  balancín. De cafés con los amigos y solos, solos y muy cargados y sobretodo tengo ganas de los que van acompañados de bombones de chocolate blanco. Mi madre dice que "lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible" pero yo tengo ganas y no hay quién pueda conmigo.


Tears of Nubia

En curioso como los sucesos desagradables sirven para buscar en los recuerdos mejor guardados y consiguen darle la vuelta a cualquier problema.
Antes de que Pau naciera tuve que escuchar unos 14.500 consejos a cerca del embarazo: no comas esto, no hagas este ejercicio, ni se te ocurra esto otro... Sin embargo uno de los consejos que decidí seguir, fue cantarle antes de nacer. A pesar de que los supersabios en la materia recomiendan escuchar a Mozart (que no digo yo que vaya estupendamente), yo decidí que escuchara otra cosa: a su madre. Así que, cada noche, cantaba la misma "nana". Más tarde, cuando nació, me sirvió para calmarle los cólicos (que no fueron pocos).
El tiempo pasó y hoy tiene 9 años. Esta tarde, al volver del cole, hemos descubierto que "Lola", su conejo, había muerto y ha llorado sin consuelo. Entonces se me ha ocurrido que tal vez, a pesar de los años, podría funcionar. Así que, le he abrazado fuerte y se la he cantado otra vez. Es increíble el efecto que puede producir un abrazo verdadero combinado con unos buenos acordes.

Esta va por Pau, Rebeca y Lola.





Reflexiones de un dinosaurio

Y una vez más ayer uno de esos a los que de pronto les ha dado por correr como locos por primera vez en su vida, me hizo la puñetera preguntita:  y a ti, ¿a cuánto te sale el kilómetro? y para que quede claro, clarísimo aquí lo dejo : QUE- NO- LO- SÉ.

Y por muy cara de pez que se les quede y muy bicho raro que parezca yo porque no llevo uno de esos relojitos súpermodernos que te indican lo que tienes que comer, cómo tienes que correr, cuándo tienes que parar y si puedes o no echar el polvete previo a la carrera (cosa que recomiendo encarecidamente, mano de santo), NO- SÉ- A CUÁNTO- ME -SALE-EL-KILOMETRO.

No voy a contarle que tampoco necesitaba su relojito hace una década cuando corrí los 65km del Penyagolosa por cuarto año consecutivo, que jamás he llevado la cuenta de los maratones de montaña que llevo a la espalda, que pasaba un frío polar cuando me metía en la piscina descubierta de Segorbe para entrenar con el equipo de triatlon y le suplicaba a Manolo una serie más para no quedarme congelada dentro del traje de neopreno,  que nunca me he sacado brillo a las tres o cuatro copas que guardo en el altillo. Ni le diré que he entrenado 80km semanales que compaginaba con mis dos sesiones de natación. Para qué, él es feliz así, mirándome con cara de "pobre aficionadilla", sacando brillo a su relojito.

A pesar de que hoy soy incapaz de plantearme más de 25km, a pesar de que seguramente ya no puedo partir nueces con los gemelos y que las copas y las medallas me las reservo para cuando corra en la categoría de veteranas C, sigo disfrutando de la montaña, de no mirar el reloj (de esos que dan las horas y poco más), de no pensar en cuántas mujeres llevo delante cuando corro, de tomarme mi tiempo para felicitar a la organización de una carrera en cada control cuando vale la pena y te hacen disfrutar, de pararme en seco para dejar pasar a una hilera de hormigas o para disfrutar de un paisaje espectacular. ¿Será eso que ya no me planteo retos? En absoluto, llámame dinosaurio pero ahora tengo un reto mucho más ambicioso que entonces: DISFRUTAR.

Por eso, si alguna vez nos encontramos por casualidad en una carrera de montaña, no se te ocurra hacerme "la preguntita" y si lo haces, discúlpame si te ignoro completamente.


Mamoncete cabrón

Ayer por la tarde bajé a Valencia a por algo que me pidió Rebeca. Cogí el coche y me puse en marcha. Cuando terminé mi encargo, vuelvo al coche, entro y ¡uf, qué fresquito hace aquí! Miro por el espejo retrovisor... ¡JOER, un mamoncete cabrón ha reventado mi luna trasera.
Como cualquier ser humano que se precie, mi primera reacción fue maldecir a la familia de alguien, a los descendientes en primer grado, al menos. Ya estaba pensando en insultar a la familia colateral cuando pongo la llave en el contacto y suena una canción de Radiohead, una de esas que te traen recuerdos bonitos en cuanto suena el primer acorde, e inmediatamente pensé: " ¡Pobre mamoncete cabrón! necesita romper una luna en una tarde de perros para completar su vida mientras que a mí, con una simple canción, me arrancan una sonrisa. No tiene ni la más mínima idea de lo que hace falta para que me den el día y una rotura de luna trasera desde luego, no es suficiente motivo.
Al final del día me fui a la cama convencida de que me acostaba más contenta que él: con los recuerdos que me trajo la canción y con la seguridad de haber aportado, con mi luna trasera, mi granito de arena a la vacía vida de un mamoncete cabrón que necesita romper cosas para rellenarla.


Qué hacer cuando Cupido se equivoca de culo

Qué hacer cuando Cupido se equivoca de culo. Porque sí, muy rubito, muchos ricitos tipo súper héroe americano pero atinar, lo que se dice atinar... yo no sé, pero ahí veo una causa clarísima de despido disciplinario con base en el art. 54.2 del ET "Disminución continuada y voluntaria en el rendimiento del trabajo normal o pactado". Que por mucho menos está en la cola del paro el españolito de a pie. Qué pasa, ¿que a este señor no le llegan los recortes?
Pero vamos a ver, le he dicho yo a usted que me lance nada, pues circule por dios! Malgastando flechitas con la que cae. ¡Qué país!

Otra cosa sería si fuera autónomo. Ahhh!ahí ya la cosa cambia. Que a lo mejor el pobre ha visto en las flechas el negocio del siglo y se las curra él cada noche dejándose los ojos. ¡Así sí! entonces si quiere malgastarlas, allá usted, está en su derecho. Eso sí, yo le aconsejo otra táctica. La cosa sería como sigue:

-Buenos días, soy Cupido.
- ¡Vaya! buenos días. ¿Qué se le ofrece?
- Pues mire usted, venía con la intención de encasquetarle esta flechita en la posadera.
-¿Y de parte de quién dice que viene?
- Pues de aquel señor de allí, el que se esconde tras el banco del parque.
- Uf, pues mire, mejor no. Ya si eso, cuando traiga la de Brad Pitt, me avisa.

Organización, en España lo que falta es or-ga-ni-za-ción

¡Feliz San Quintín!


Por dos razones o más...

Porque ayer me hicieron sentir bien. Porque esta mañana corría a chorros el agua caliente y se me ha escapado una canción. Por un tazón de leche con muesli crujiente. Por ese"adiós, guapa" tan especial. Por el libro que me acabé en dos días la semana pasada. Por delante y por detrás. Porque soy capaz de tocarme los pies con la punta de los dedos. Porque vuelvo a estar con mis niños en El Cuento Volador y ¡se acaban las plazas! Por Roy Orbison, su "I love so beautiful" y" Los tres pajarillos" de Bob Marley. Por mamá, que cada día está más espectacular a pesar de sus ¿70? Me queda la esperanza de que se lleve en los genes... Porque llevaba unos días boca abajo y hoy me he dado la vuelta. Por la media maratón del día 17. Por favor, siempre, por favor. Por Lola, que me hace sentir como hoy cada mañana. Porque hoy voy a subir a la Creueta y vuelta, ¡a tomar viento la llaga! Por el lienzo en blanco que me espera esta tarde. Porque aún quedaba una onza de chocolate puro en la nevera, ¡la última! Porque el vaso se desborda. Por el primer "no" de esta mañana. Por un buen plato de pasta. Por un nuevo amigo, desde Italia nada menos! "Y es que es tan alucinante, que hace días que no duermo por si acaso al despertarme veo que todo a sido un sueño" (Platero y tú).




Tú, te, ti, contigo


Porque unas veces eres amarillo y otras azul marino. Porque me escuchas, aunque a veces sé que estás en otra parte. Porque sueñas como yo y no te da miedo volar por muy lejos que esté el suelo. Porque tus alas son más cortas que las mías. Porque me dejas a medias, sonríes y me dejo. Porque no te aguanto. Porque vives cada segundo y observas cada milímetro aunque no siempre sea el mío. Porque el silencio no pesa. Porque la brisa mueve tu chaqueta. A veces cerveza y a veces espuma. Porque yo soy yo; pinceles, ceras, mar, brisa, arena y zapatillas viejas y tú, lo contrario pero al revés. Porque me dejo querer y después me arrepiento. Porque no sé casi nada de lo que tú conoces y porque tengo mucho que enseñarte. Me agotas. Porque me haces saltar para caer sobre la piedra helada. Puede que por tu pelo pero seguro que es por tus manos. Por tu alma. Quisiera estar y marcharme en seguida pero no puedo, me estiras. Porque no sé nada de ti ni me importa. Porque no me besas ni te beso. Porque nos besamos. Porque abres la puerta y entro. Porque no cierro la mía. Porque no sé hasta cuando. Porque sé que para siempre. Porque te callas y no hablo. Porque me pesas. Porque nunca has sido ni ha pasado. Por tu risa, seguro que es por tu risa. Nunca más y mañana otra vez. Porque no te conozco. Porque me rozas con  un dedo. Porque ya te has olvidado. Porque te escondes para que vaya a buscarte. Porque me inspiras y respiro. Porque no soy bastante. Porque no sé si me importas o sólo fue un sueño. Me descolocas y yo vuelvo a juntar las piezas. No puedo contigo, me aplastas. Por cómo hueles. Porque lo sabes y ya no me lo dices. Porque me muero por contártelo y me callo. Porque no me llamo así. Por ti, nunca por mí. Porque me acuesto y sigues ahí por la mañana. Porque estoy sola cuando me levanto. Porque me dueles. Por un té caliente y un rayo de sol. Porque me ignoras. Porque corro y no te alcanzo. Porque estás aquí otra vez. Porque toqué una estrella y he de volver. Por 137 razones más, ni una menos, yo... me, mi, conmigo.




Queridos Reyes Magos



No es que este año haya sido especialmente buena, al menos no con todo el mundo pero como veo que, a pesar de eso todos escriben la suya, ahí va mi carta,

Me gustaría un cubo bien grande de abrazos para todos los amigos de verdad que han estado ahí este año tan complicado.  Algunos a la vuelta de la esquina y otros a unos cientos de kilómetros. Los que se han preocupado por mí y los que han estado en la sombra porque saben que es mejor que me dejen sola cuando necesito estarlo, sin preguntas, sin explicaciones y sin bandos.  No vais a necesitar muchos porque he comprobado que mis amigos se cuentan con los dedos de una mano pero eso sí, si veis que no podéis fabricarlos lo suficientemente grandes, no os preocupéis yo me encargo, porque lágrimas me han salido hasta el agotamiento pero abrazos, ¡JA! de eso sí que tengo hasta el infinito y vuelta.

Quiero que Rebeca siga escapándose de su cama para venir a la mía y se acurruque en mi espalda como lo hace cada noche porque me encanta abrazarla y sentir que me necesita, me queda tan poco...

Sería estupendo que la ropa sucia cobrara vida propia y se marchara sola a la lavadora. Y ya sería de nota si no se mezclara la blanca con la de color pero vamos, que eso lo podemos negociar. Como soy consciente que lo de tender ya sería un abuso, de esto último ya me encargo yo.

Quiero que Pau siga construyendo autobuses con cajas de cartón hasta que cumpla por lo menos los 40, aunque si veis que es más adecuado que construya casas de hormigón una vez cumplidos los 30, tampoco lo voy a discutir sobre todo si una la reserva para mamá.

Si puede ser, me dejáis un botecito de inspiración para poder dibujar cosas bonitas. No me importa si las tengo que pintar sobre tela, paraguas, lámparas, sartenes o sobre el salvamanteles de papel de esa crepería del Carmen donde te dan una caja de colores para garabatear donde mejor te plazca.

Me encantaría que me trajerais solo diez minutos más cada mañana para poder ponerme el rimel frente al espejo y no mientras abrocho el babero de Rebeca y unto con mantequilla la tostada de Pau.

Si es posible, me dejáis debajo del árbol un saquito  de comprensión para todos aquellos que no aceptan un cambio, porque la vida es una montaña rusa en la que un día eres abogado y otro ilustrador, un día estás acompañado y otro solo, un día ganas un maratón y al siguiente tardas casi una hora en correr 10 kilómetros porque lo importante es que a pesar de todas las subidas y bajadas, sigues siendo tú  y a tu carro aún le quedan muchos más viajes.

Me encantaría heredar el violín de mi abuelo porque sé que tener la cabeza llena de música es lo que le impidió ver que también estábamos ahí, es lo que tienen los genios… y porque sería alucinante aprender a tocarlo.

Traedme una caja llena de letras con su libro de instrucciones para combinarlas y poder hacer sentir. Si pueden ir con el kit completo de una hora al día para escribir, sería lo más.

Ya no sé cuántas cosas llevo, seguro que demasiadas pero como sé que sois magos, si es posible una última cosa, traedme lo que os pedí. Pero el azul no, el verde.

Un miércoles cualquiera



Cinco y veinticinco de la mañana, escucho a mi perro lloriquear en la escalera. Necesita salir, me hago la sorda, puede que funcione. Sube y baja las escaleras. No aguanta más. Me levanto, es de noche, me muero de sueño. Le abro, se queda fuera. Seis y media de la mañana, Rebeca viene a despertarme, ha venido el ratón Pérez y ha perdido su moneda. Cuando nos levantemos la buscamos. Se hace un hueco en mi cama. Imposible negarme, tengo sueño. Siete menos cuarto abro un ojo, Rebeca me ha metido el dedo dentro mientras dormía. Repaso mentalmente; mochilas, uniforme, copia de seguridad, almuerzo... Aggg qué más da!, me levanto! Me lavo la cara. Me miro en el espejo, uf! Bajo. Saco al otro perro, abro todas las ventanas. Preparo los almuerzos, los desayunos y mi comida. Firmo la autorización para la excursión. Busco la libreta que le pidieron ayer en el cole (¡se la pidieron ayer por la tarde cómo quieren que la tenga esta mañana!). Desayuno. Subo a despertarles. Preparo su ropa: Rebeca uniforme, busco los leotardos, tienen un agujero, lo coso. Limpio los zapatos. Pau chándal, la camiseta le viene corta, la estiro, como si sirviera de algo. Vuelvo a despertarles. Bajan a desayunar. Me ducho en tres minutos. Esta tarde salgo a correr, me preparo la bolsa. Bajo a comprobar que desayunan. Subo a hacer las camas. Bajo a ponerles comida a los perros. Subo a arreglarme. Me asomo a la escalera para decirles que se peinen. Me visto. Me cepillo las botas (no me gustan los zapatos sucios). Cierro las ventanas de arriba (todas menos la mía). Bajo a la cocina. Cargo el lavavajillas. Cojo la copia de seguridad, compruebo que es la de hoy. La meto en la bolsa junto con la comida. Hace frío. Subo a por las chaquetas de los niños. Bajo a la cocina. Última comprobación; pelo, dientes, zapatos, mochilas, almuerzos chaquetas. Salimos. Se me olvidaba la basura. Busco la llave entre la docena que llevo en el llavero (al menos siete no sé qué abren). Abro, cojo la bolsa, la ato. Salimos. Tiro la basura. Subimos al coche. Comprobamos cinturones. Discusión por un libro de Mortadelo. Pongo a Fito. Cantamos, se calman. Carretera cortada a la altura de Bétera. Nos vamos por el atajo. Empieza a chispear, no llevamos paraguas. No nos importa, todos llevamos capucha. Llegamos al cole. Yo sigo cantando. Rebeca me mira con cara extraña. Me callo. Despedida. Al menos siete besos por barba. Salgo pitando, tengo que estar en Valencia a las 9,30. Busco aparcamiento. Un volkswagen aparca delante de mí. No importa, sigo buscando. Ahora es un Seat Ibiza. Tranquila a la tercera. Encuentro sitio en la puerta. Recojo los documentos. Subo a Náquera. Ya debe haber llegado el transformador de mi tableta. Entro en el despacho. Pregunto. No ha llegado. Miro el correo. Hay un problema con el equipo de ilustradores. Reviso la documentación, lo resuelvo. Me llama mi ex-socio, tiene un problema con un cliente, le aconsejo. Llama un cliente, tiene un problema con un pedido. Resuelvo la incidencia. Llaman de nuevo, ahora es mi socio, está agobiado, quiere que prepare un informe para la reunión del viernes. Me pongo. Se lo envío. ¡Cómo puede ser ya la una! Hablo con el servicio técnico de Wacom ¡necesito mi transformador! Dos y media. Comemos. Quedan tres pedido por salir, se terminan. Me cambio y me pongo las zapatillas antes de irnos. Conduzco hasta Ribarroja. Tengo al menos una hora para correr. Decido volver antes, se está haciendo de noche. Subo al coche. Me voy a por los niños. Paro en Mercadona, compro merienda (hoy se me ha olvidado hacer bocatas). Volvemos a casa. Los dos me cuentan lo que ha pasado en el cole (a la vez, por supuesto si no dónde estaría la gracia). Llegamos a casa. Preparo los baños. Reviso cabezas (en el colegio me han dicho que hay piojos ¡qué asco!) esta semana nos libramos. Jugamos a montar unos autobuses con cajas de cartón. Toca deberes. Preparo la cena mientras le enseño a Rebeca a restar llevando y a Pau las sílabas tónicas. Cenamos sin tele (si no, aún estaríamos cenando). Nueve menos cuarto, quince minutos de tele mientras recojo la cocina. Todo el mundo a cepillarse los dientes y a la cama. Me siento en la alfombra. Me cuentan sus cosas. Me cogen de la mano. Se duermen. STOP (.......)

Lleno la bañera, sal gorda, unas velas, Waterboys “Too close to heaven”. Reviso el video que colgué ayer en facebook. Es sorprendente cómo se puede conseguir que una máquina sin boca ni ojos consiga transmitir tanto. Qué lejos estoy. Salgo del baño. Reviso dos heridas recientes, una en la pierna y otra en la ingle, no importa, esas no duelen. Me visto. Encuentro una caja en el despacho. Hay un libro con una rosa seca entre las páginas. Es de Manolo, Manolito el del ultramarinos. Qué mal me lo hacía pasar mi madre cuando me mandaba a por café, creo que por eso no lo tomo. Me la dio una noche al salir de Jardines, después un beso. No sé por qué la guardo. Debajo del libro hay un montón de cartas. De Eva. Nos encantaba escribirnos cartas absurdas cuando estábamos en el instituto a pesar de que nos veíamos cada día. La versión ochentera de los whatsapps pero con sello de por medio. También está la muñeca de coletas que me trajo mi sobrina al hospital para que me diera suerte en la primera operación de las rodillas. Mi sobrina es especial. Cierro la caja. Cojo el libro de la mesilla y me meto en la cama. Desde aquí veo un bicho verde en la estantería. Me gustan los bichos verdes, es algo que me voy a tener que hacer mirar. Apago la luz. No sé por qué, hoy estoy muerta.

Los príncipes azules no existen, los verdes sí

Y efectivamente, después del día de ayer, uno de esos para olvidar, tal y como imaginaba, me estaba esperando en casa un príncipe azul, pero no uno de esos que son evidentemente guapos, ¡NO, qué pereza! de esos otros que te das cuenta pasados unos meses, a veces años, de lo apuestos que son y que acaban resultando cien veces, (¿he dicho cien?..) más guapos que los primeros. Iba montado en un corcel negro o verde, (no sabría decirte, estaba muy oscuro)  y me llevó a conocer nuevos parajes llenos hasta arriba de chocolate... Dos minutos más tarde suena el despertador y otro guapísimo príncipe (este sí que era guapo de verdad de la buena) me dice al oído: "mamá, qué guapa estás por las mañanas". Por fuerza el martes tenía que ser cien veces mejor que el lunes (¿dije cien?).

Estamos locos, o qué

Hace unos días tuve la ocasión de darle a un buen amigo mi punto de vista como abogado, si es que algún día lo fui,sobre las posibilidades de modificar la Carta Magna para acoplarla a los intereses independentistas. Lo cierto es que por mucho que nos macharon en Derecho Constitucional sobre lo inamovible de su modificación y sobre la necesidad de interpretarla para cada caso (qué son las normas si no pura interpretación según el son de cada momento),si le preguntas a un pepero se basará en el art.2 del Título preliminar para asegurarte que es imposible la indisolubilidad y un independentista se basará en ese mismo art. para asegurarte lo contrario. El caso es que descubrí por qué no me había parado a forjarme una idea propia sobre el tema y es que, sinceramente, no me importa en absoluto. 

Llámame inculta, posiblemente lo sea y mucho, el caso es que me preocupa que los curiosos estén acabando con las reservas naturales del Saler para ver cómo sacan a flote dos buques, me importa el deshielo que acabará por mandarlo todo a tomar viento antes de que podamos encontrar nuevos minerales en el fondo de las aguas, que por causa de la crisis se rebajen las partidas de investigación y que, por este motivo nos quedemos sin solución contra enfermedades como el cáncer que cada día afecta a más niños, los incendios provocados, se me pone la piel de gallina cuando veo la boca llena de moscas de los niños etíopes o cómo apalean a las focas en Canadá (para este caso concreto encontré un perfil en facebook " ¿Qué tal si en vez de apalear a las focas, apaleamos a tu puta madre" que no soy yo muy de las que insultan pero cuando es necesario... en cualquier caso, reconforta pensar que una no está sola, 660.936 personas más en el planeta piensan igual) y hasta me preocupa más que nos empeñemos en poner de rodillas a los caballos o hacer pasar a un tigre por un aro de fuego. Creo que hemos perdido el rumbo, la ética y la conciencia de lo que es verdaderamente importante. Sin espacio vital, sin un lugar dónde poner los pies, no hay ni independencias ni crisis, ni nuevos yacimientos de minerales ni nada de nada. Empecemos por el principio porque cada día se me hace más firme la sensación de que esto se nos está yendo de las manos.


Maldita la gracia

Hoy 9 de octubre y día de la Comunidad Valenciana nos hemos acercado al centro a ver la parada de moros y cristianos. La plaza estaba llena de gente; trajes espectaculares,espadas afiladas, capitanes altivos manteniendo una fila casi perfecta... hasta aquí todo parecía estupendo. Pau y Rebeca felices y su madre con la satisfacción de enseñarles algo espectacular casi único. Pero entonces aparecen los caballos. Al principio galopando salvajes, los ojos de Pau se salían de las órbitas "¿yo podría hacer eso,mamá?" "por supuesto, tú puedes hacer cualquier cosa que te propongas" le contesto. Es entonces cuando uno de los jinetes obliga a su caballo a ponerse de rodillas mientras otro jinete que viene galopando de pie sobre el suyo, salta a lomos del primero que continúa con las rodillas en el suelo. La boca echando espuma por el esfuerzo y el bocado. Ovación tremenda y aplausos enérgicos. Sonriente miro a Pau imaginando que está sorprendido y lo que encuentro es que está atónito. "¿Estás bien, Pau?" "Pues no mamá. No lo entiendo. Esto no hace ninguna gracia, pobre caballo" Y al recordar a los percherones que comen hierba libres por los Pirineos pensé "tienes razón, Pau,maldita la gracia.

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