No, porque no
Cuánto han cambiado los métodos
de enseñanza. Nuestros padres lo tenían claro, las cosas se hacían "porque
sí", la solución a una posible discusión era un "porque yo lo
digo" y "punto". El "no", no era una palabra tabú.
Hoy sin embargo se plantea la
educación desde el planteamiento positivismo, no puedes decirle a un niño
directamente que "no", debes ingeniártelas para llegar a la misma
conclusión sin utilizar la fatídica palabra. Para decirle a Manolito que no
toque el enchufe debes probar con; "Manolito, si lo tocas puede que te
hagas daño" (y aunque eso es lo que dice ese libro tan estupendo que
funciona tan bien a tu amiga Ana, tú sabes que con esa táctica tan "de
libro", Manolito acabará con los dedos en el enchufe a menos que le pongas
un protector a todos los de la casa, porque Manolito necesita descubrir y tú
protegerle).
Las cosas hoy no pueden ser
porque sí, tienen una explicación lógico-infantil y por muchos porqués que
vengan detrás de tu primer intento de hacérselo entender, no debes parar hasta
que lo comprenda (recuerda, sin utilizar el "no" en tu explicación,
sé siempre positivo, no lo vayamos a frustrar) de forma que después de
responder a los 50 porqués, ya ni recuerdas a santo de quién vino el primero.
... Y digo yo, con tanta burbuja
psicológica no estaremos creando futuros niños de barro. ¿Con cuántos
"noes" se van a encontrar a lo largo de su vida?: el de su primer
novio, el de su jefe, el de un cliente que no quiere su producto... nosotros
estábamos preparados para ello, ¿lo estarán nuestros hijos?
Debemos responder a sus preguntas
y sus curiosidades porque es su forma de conocer el mundo descendiendo a un
lenguaje comprensible. Pero no llevemos las cosas al extremo, sin abusar del
recurso fácil, hay cosas que son porque sí y NO PASA NADA, porque son demasiado pequeños
para entenderlo, porque no es el momento de explicarlo o ¡qué caray!,
simplemente porque hoy estamos cansados.
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