LO SIENTO
Ayer leí un artículo desconcertante sobre una docente, La profesora de pre-escolar Ann Hardesty McKinley que
jamás permitía a sus alumnos que pidieran disculpas a quienes estiraban del
pelo, mordían, pegaban, pellizcaban... Utilizando una metodología que llamaba
"disciplina positiva". La frase "lo siento" estaba
prohibida en sus aulas.
Mi primera reacción fue pensar que aquella mujer estaba loca,
que ya no sabían qué inventar para sobreproteger a los niños, para evitar que
se enfrentaran a las consecuencias de sus actos... Entenderéis que yo no soy
psicóloga, sino abogado, mi cerebro tiende más hacia lo racional, pero como también soy madre, en lugar de hacer
clic sobre el aspa de aquel blog y cerrarlo, decidí darle una oportunidad a esa
disciplina que, en el fondo (y esto jamás lo reconoceré ante de un tribunal) me
interesaba.
La profesora Ann Hardesty McKinley
comparte que los niños de esta edad no reconocen el sentido de la palabra
"lo siento". Si lo piensas, es lógico, como tampoco reconocen el
significado de "sorpresa", "delirio", "ansiedad"
, "frustración" ni ningún otro término abstracto. Bien, eso me
convenció bastante, pero de ahí a que no debamos enseñarles a utilizarla hay un
abismo, pensé. Conforme avanzaba en la lectura de su artículo comprendí lo
mucho que me equivocaba y me planteé, como suelo hacer, una situación práctica
desde mi propia experiencia.
Soy madre de dos hijos con una
diferencia de edad de 20 meses que, (quiero pensar que como la mayoría de los
hermanos) discuten más de lo que a mí me gustaría. En un momento de una discusión cualquiera, uno de ellos insulta al
otro. Inmediatamente obligo al agresor a pedir disculpas a su hermana/o y con
cara de convencimiento nulo escucho un débil "lo sieeeeeento", casi
como en un susurro. Después ambos con cara de enfado, uno porque acaban de
insultarle y el otro porque ha dicho "la frase" , esa que tanto odia
decir, que es como rebajarse a lo más profundo de los abismos, se marchan cada
uno por el lado opuesto.
Yo me quedo contenta porque he
conseguido dos objetivos: la discusión ha terminado y el causante del daño ha
pedido disculpas. Yo, que imagino lo mucho que le ha costado decir "la frase"
casi prohibida, me doy por satisfecha y vuelvo a lo que estaba. ¡Asunto
zanjado! ¡Buen trabajo, Mónica!
¡¿Ya?! ¿Me parece suficiente?
Reflexiono; bueno, le ha dicho que lo
siente, eso es mucho, si me remonto a la última vez que lo dije yo, sí, me
parece ¡mucho más que suficiente! Es una frase que cuesta muchísimo decir.
Ya estoy yo más que satisfecha cuando me
topo con el artículo de esta docente.
El método de disciplina positiva implica
olvidar la palabra "lo siento" (que al final no es más que una frase
cualquiera como "pásame la sal") y sustituirla por hacer aflorar en
el niño el interés por el sentimiento que su acto ha supuesto para el compañero.
¿Cómo?, pues preguntándole; “¿estás
bien?” , “¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor?”, ¿necesitas un abrazo?
¿quieres que te deje solo?”
¿No es mucho más importante eso que
obligarles a decir la frase abstracta? ¿ No estaremos de ese modo además
reforzando el interés por el dolor ajeno?
La profesora Ann Hardesty McKinley
afirma "Sé que esto funciona porque pasamos por estas situaciones en otoño y en
la primavera cuando algún chico se cae en el parque, otros niños corren hasta
donde está él y le preguntan: “¿Estás bien?, ¿Qué puedo hacer para que te
sientas mejor?
Porque al final lo que importan son los
hechos y las palabras no son más que eso cuando no se dicen desde el
convencimiento. Es más importante enseñarles a sentir el dolor ajeno y a
repararlo que obligarles a decir una frase que no sienten y con la que suponen
que el daño está reparado.
¡Magnífica lección Ann Hardesty
McKinley!
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