Echemos unas risas
Como se acerca el fin de semana y
parece que, durante al menos un día, nos permitimos el lujazo de relajarnos un
poco, hoy me he propuesto no hacer ningún comentario sobre qué o cómo podríamos
mejorar en la educación de los peques. Hoy me voy a permitir la osadía de
ponernos deberes de fin de semana: aprender de nuestros hijos.
¿Qué cosas nos pueden enseñar?
Muchas, muchísimas: sinceridad, espontaneidad, creatividad... de todas estas
cualidades unos niños pueden tener más que otros pero hay una sola aptitud idéntica
para todos y en la que nos superan al cien por cien; Nuestros hijos son unos
auténticos maestros de la risa, pero no de la sonrisita fácil, no, de la RISA
con mayúsculas.
No voy a plasmarte aquí el
listado interminable de los beneficios de la risa: libera endorfinas, estrés,
aumenta la adrenalina... hasta he leído que una buena carcajada ¡equivale a
liberar las mismas calorías que 15 minutos de bici! ya ves, andamos como locos
con el último régimen que probó la actriz de turno para quedarse así de
estupenda y resulta que tenemos a los más especializados "personal trainers"
en nuestra propia casa y ¡a precio de crisis!
Asumámoslo, podemos enseñarles a
los niños absolutamente todo a cerca de la vida pero el Master de la Risa, lo
tienen ellos. Aunque solo sea porque su media es de 300 veces al día frente a
nuestras 20, démosles la oportunidad de que sean maestros por un día.
Si nos reímos con frecuencia
enseñaremos a los niños a afrontar la vida desde un punto de vista positivo. La
risa es una de las emociones más saludables. Si tú eres el modelo a seguir de
tu hijo durante sus primeros años, no te conformes con sonreír, ¡ríete!
Así que, manos a la obra: Coge a
tu hijo/a una peli de los hermanos Marx, un puñado de chistes, pintaos la cara
o haceos cosquillas pero que no llegue el lunes son haber tomado una buena
dosis de esta importante medicina. No necesita receta médica y no hace falta
consultar al farmacéutico, puede que sea la única terapia en la que es
recomendable una sobredosis.
No nos vamos a engañar, la
terapia no nos va a librar de la crisis, ni vamos a salvar el planeta pero
estoy convencida de que las cosas irían de otra manera si aprendiéramos todos
esta cualidad imprescindible de los más pequeños. Echemos unas risas, vamos a
pasar un momento único con nuestros hijos, ¡y eso ya no nos lo quita nadie!
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