En una semana descubrí que me descubro cada día, me sorprendo y me vuelvo a descubrir. Que no son las carreras lo que me gusta, es correr. En una semana comprobé que es el sonido de mis zapatillas sobre la tierra y el de nadie más, ni delante ni detrás, el viento en la cara, parar, observar y retomar. Beber agua fresca de la fuente, subir, subir y subir sin mirar el reloj. Respirar aire fresco y brisa y sol.
En una semana supe que pasan mil cuarenta cosas en siete días. Que existen los amores de una noche, tan apasionados o más que los corrientes. Que te dejan la sonrisa pintada en la cara al menos un día entero. Que son fascinantes, pero si no has nacido tigresa sólo puedes fingir por una noche y yo soy de dormir abrazados, de despertar juntos, de acariciar, de querer... Que si jugaste al amor de un instante, jugaste todas tus cartas y no hay modo de volver a barajar.
Descubrí que siempre fui la sombra de otro pero que soy capaz de brillar por mí misma si me lo propongo y es fascinante. Que mi trabajo es apasionante y no hay placer más grande que ver disfrutar a los demás. Que en cuatro minutos de vídeo cabe una tarde entera de sensaciones que se pueden revivir al deslizar el dedo por ese botón con forma de triángulo.
Decidí que voy a volver a escribir aquella historia que comencé hace dos años. Porque había mucho que decir y sentir y porque cada personaje lleva un poco de uno; de lo que ha sido, de lo que detesta y de lo que le gustaría ser. Esa es la magia de escribir, te permite vivir cuantas vidas quieras.
En tan sólo una semana por fin te conocí y me di cuenta de que tengo al menos tres canciones contigo y ninguna de los dos. Entendí lo que es sentirse solo rodeado de gente y rogué para que nunca me ocurriera a mí. Que creo en el amor para toda la vida aunque sólo vaya en una dirección.
Sólo una semana fue suficiente, sólo me bastaron siete días.
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