Queridos Reyes Magos
No es que este año haya sido especialmente buena, pero como veo que aquí cada uno abre la boca para pedir y otros con la boquita bien cerrada se llevan lo que es suyo y lo que no, ahí va mi carta:
Mis deseos son un poquito más
de andar por casa y quedan lejos de los lujosos viajes y las cenas en
restaurantes caros.
Me gustaría que la ropa sucia
cobrara vida propia y se marchara sola a la lavadora. Y ya sería de nota si no
se mezclara la blanca con la de color pero vamos, que eso lo podemos negociar.
Como soy consciente de que lo de tender ya sería un abuso, de esto último ya me
encargo yo.
Quiero que Pau siga
construyendo autobuses con cajas de cartón hasta que cumpla por lo menos los
40, aunque si veis que es más adecuado que construya casas de hormigón una vez
cumplidos los 30, tampoco lo voy a discutir, sobre todo si una la reserva para
mamá.
Un cubo de paciencia para
asimilar, cuando llegue el día, que Rebeca preferirá vivir pegada a su teléfono
a jugar conmigo al torito en alto, pero como para esto todavía me queda un poco
de margen, me encantaría que, mientras
tanto, me trajerais solo diez minutos más cada mañana para poder ponerme el rímel
tranquilamente frente al espejo y no mientras meto el almuerzo en la mochila de
Rebeca y le grito a Pau desde el pasillo que se cepille los dientes (sin que
tenga que levantarme antes, por supuesto, que para la solución fácil no hace
falta ser mago)
He oído hablar que contratáis
por horas a unos duendes de la noche que ponen el lavavajillas cuando te caes
rendida en el sofá y que, a veces, te preparan la comida del día siguiente,
pues bien, también me pido uno de esos. Con lo del lavavajillas me conformo que
yo con un bocata de sobrasada voy que me mato y ya, si eso, me lo preparo yo.
Quiero que Rebeca siga
escapándose de su cama para venir a la mía y se acurruque en mi espalda como lo
hace cada noche porque me encanta abrazarla y sentir que me necesita.
También quiero una máquina tele
transportadora para que me lleve directamente a la cama cuando después de
recoger la casa, preparar almuerzos y acostar a los niños, caigo en el sofá
como lanzada de un cuarto piso. Si pudiera ser la versión esa que además te
pone el pijama sería lo más, si no, no importa me acuesto tal cual que al fin y
al cabo, yo huelo la sábana y caigo como un tronco.
Si puede ser, me dejáis un
botecito de inspiración para poder seguir dibujando y escribiendo cosas y si es
posible, me gustaría que a alguien le parecieran interesantes porque no hay
nada como descubrir que hay gente que tiene tus mismos problemas e inquietudes porque
al fin y al cabo, no somos tan distintos como nos quieres hacer ver.
Si es posible, me dejáis debajo
del árbol un saquito de comprensión para todos aquellos que no aceptan un
cambio, porque la vida es una montaña rusa en la que un día eres abogado y otro
ilustrador, un día estás acompañado y otro solo, un día ganas un maratón y al
siguiente tardas casi una hora en correr 10 kilómetros porque lo importante es
que a pesar de todas las subidas y bajadas, sigues siendo tú y a tu carro
aún le quedan muchos más viajes.
Ya no sé cuántas cosas llevo y
como mi imagino que estáis hasta el gorro de que os pidan cosas, voy a terminar
mi carta dando las gracias por traer aquello que os pedí, pero por el azul no, por
el verde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario