Llego a casa. Los niños están cansados, acaban de llegar del
cole. Hacen sus deberes. Me gustaría que leyeran un poco pero me piden ver la
televisión, es obvio que cuesta mucho menos esfuerzo, no tienen que pensar, no
tienen que proyectarse en ningún personaje, no tienen que imaginar, todo les
viene dado. Pienso en mi estrategia...
Enchufo la tele, los dos se sientan entusiasmados y al rato
comienzan a adoptar unas posturas imposibles a lo largo del sofá. Me coloco en
el medio con un libro y leo en silencio. Rebeca me mira de reojo, se mostraría
interesada de no ser porque el famoso Gambol acaba de vomitar encima de su bici
y contra eso yo no tengo competencia y mucho menos mi libro. Pasados unos
minutos suelto una pequeña carcajada (leo a Millás. Me encanta si espontaneidad
y su creatividad sin límites). Pau se me acerca sin dejar de mirar la tele.
Vuelvo a reírme esta vez con más ganas. Rebeca me mira risueña
-¿qué pasa mamá?-
- pues que acabo de convertirme en un calcetín y huyo para
que no me alcance el zapato.
-¿puedo verlo?-
Rebeca cree es la ilustración lo que me hace reír y se
sorprende al ver que no hay ninguna. Se sienta a mi lado y me pide que le
indique con el dedo por dónde voy. Pau se arrima. La televisión va perdiendo
fuerza. ¿queréis que os lo lea?
Entusiasmados apagan la tele. ¡Prueba superada!

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