Ayer por la tarde bajé a Valencia a por algo que me pidió Rebeca. Cogí el coche y me puse en marcha. Cuando terminé mi encargo, vuelvo al coche, entro y ¡uf, qué fresquito hace aquí! Miro por el espejo retrovisor... ¡JOER, un mamoncete cabrón ha reventado mi luna trasera.
Como cualquier ser humano que se precie, mi primera reacción fue maldecir a la familia de alguien, a los descendientes en primer grado, al menos. Ya estaba pensando en insultar a la familia colateral cuando pongo la llave en el contacto y suena una canción de Radiohead, una de esas que te traen recuerdos bonitos en cuanto suena el primer acorde, e inmediatamente pensé: " ¡Pobre mamoncete cabrón! necesita romper una luna en una tarde de perros para completar su vida mientras que a mí, con una simple canción, me arrancan una sonrisa. No tiene ni la más mínima idea de lo que hace falta para que me den el día y una rotura de luna trasera desde luego, no es suficiente motivo.
Al final del día me fui a la cama convencida de que me acostaba más contenta que él: con los recuerdos que me trajo la canción y con la seguridad de haber aportado, con mi luna trasera, mi granito de arena a la vacía vida de un mamoncete cabrón que necesita romper cosas para rellenarla.
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